La Generación del 27 ( AMPLIACIÓN )
La
Generación del 27
Características
INTRODUCCIÓN
De
la Monarquía a la República
Los
últimos años de la dictadura de Primo de Rivera estuvieron marcados
por la expansión económica y la relajación de la represión
política, coincidiendo con el fenómeno de los felices años 20 en
Europa y EE. UU. Pero el apoyo de Alfonso XIII a Primo de Rivera
provocó un estado de opinión contra el monarca que propició el
advenimiento de la Segunda República cuando el dictador dimitió.
Así, tras las elecciones de 1931, el rey abdicó y se exilió a
Francia. El 14 de abril se proclamaba la Segunda República.
El
nuevo gobierno de Manuel Azaña emprendió un ambicioso programa
político. Se propuso reformar la agricultura y el ejército, reducir
la influencia social de la iglesia y aceptar los proyectos
autonómicos catalán, vasco y gallego. Todo ello le granjeó la
enemistad de los sectores más poderosos de la sociedad. A ello hubo
que sumar los efectos desastrosos de la crisis mundial del 29, que
provocó una conflictividad social que reproducía la bipolarización
ideológica que se vivía en toda Europa: fascismo frente a
comunismo.
En
1933 la CEDA gana las elecciones y paraliza las reformas. La
izquierda radical catalana y asturiana protagoniza revueltas en 1934,
duramente reprimidas. Ante la situación de inestabilidad, se
convocan elecciones en 1936, que gana la izquierda, agrupada en el
Frente Popular, prometiendo la reactivación de las reformas y la
amnistía para los represaliados en 1934. En julio del 36 un grupo de
generales al mando de Franco perpetra un golpe de estado que dará
comienzo a la Guerra Civil.
Los
intelectuales ante la República
La
mayoría de los intelectuales, entre ellos los miembros de la
Generación del 27, mostraron una clara inclinación hacia la
República. La crispación política determinó una progresiva toma
de partido de unos artistas que incluso derivaron hacia la militancia
activa y hacia un creciente compromiso.
El
esfuerzo republicano por extender la instrucción pública encontró
también el apoyo de estos intelectuales. El intento más original lo
constituyeron las Misiones Pedagógicas, un proyecto que pretendió
trasladar experiencias culturales al ámbito rural a través de
exposiciones, representaciones teatrales, audiciones, sesiones de
cine, etc. Un ejemplo es la compañía de teatro La Barraca,
impulsada por Lorca. Surgen también revistas de compromiso político
y social (Octubre, Nueva Cultura), y también revistas de arte y
literatura que se convierten en el principal vehículo de difusión
literaria: Litoral, Verso y Prosa, Caballo Verde para la Poesía,
etc.
LA
GENERACIÓN DEL 27
Formación
del grupo y nómina de autores
Con
este nombre se denomina a una serie de poetas que, asimilando la rica
tradición literaria española, e imbuidos por las nuevas corrientes
de vanguardia, llegó a ser la más brillante promoción de la
literatura española del siglo XX. Fue un grupo compacto y variado al
mismo tiempo, al que la situación política del país disgregó y
que jamás volvería a encontrarse.
El
grupo toma su nombre por un acto conjunto que celebraron en 1927: el
aniversario de los 300 años de la muerte de Góngora. Esta
celebración tuvo un doble significado: por un lado, los autores
ponen de manifiesto su admiración por la poesía del Barroco, sobre
todo la de Góngora; por el otro, realizan un manifiesto que
rechazaba la tradición decimonónica y modernista. El tricentenario
supuso, pues, el definitivo descubrimiento del Barroco y de una
literatura que tuvo su base en la libertad de imaginación, del
ingenio y en la supremacía de la metáfora.
Los
autores de la Generación del 27 se consideran también deudores de
Ortega y Gasset, que influyó en su concepción del arte; de Ramón
Gómez de la Serna, el vanguardista que les introdujo en las
novedades europeas; y de Juan Ramón Jiménez, el poeta por
excelencia que abrió el camino de la poesía pura, desnuda,
esencial.
La
primera lista de componentes del grupo fue publicada en ese mismo año
en el primer número de la revista Verso y Prosa. Allí figuran los
siguientes autores: Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego,
Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Luis
Cernuda y Rafael Alberti. A esta lista habrá que añadir
posteriormente a Emilio Prados, Manuel Altolaguirre y Miguel
Hernández, al que muchos consideran un puente con la generación
posterior, la del 36.
Características,
temas y rasgos estilísticos
Todos
compartieron gustos estéticos similares, al menos en un primer
momento, en especial el interés en la pureza estética y en la
imagen y la metáfora renovadora y creativa.
Unos
de los rasgos más señalados de esta generación es la presencia de
la tradición. Fue uno de los elementos que configuraron la poesía
del 27. El influjo de los cancioneros de los siglos XV y XVI, así
como la vuelta a los clásicos medievales y del Siglo de Oro
propiciada por el redescubrimiento de Góngora y de otros poetas
barrocos, es un fenómeno único en la literatura europea. Hay un
especial interés por lo popular, en el romancero, las coplas y los
villancicos de la tradición castellana.
También
es muy notable la influencia de la vanguardia europea, sobre todo en
un primer momento. Estos autores, desde 1918 (ultraísmo,
creacionismo) hasta 1930-1933 (culminación de nuestro surrealismo),
participan activamente en la adaptación y la creación de los ismos
en España. Se acercaron a literatos extranjeros como Paul Valery,
César Vallejo o Pablo Neruda y a las tendencias europeas del
momento, especialmente a la corriente surrealista.
En
la poesía de la Generación del 27 aparecen los grandes temas de la
cultura occidental. Destacan tres grandes bloques: en primer lugar,
la ciudad. Los poetas del 27 insisten en el tema de la ciudad, la
comodidad de los nuevos tiempos, los nuevos inventos y los
transportes. Para los escritores del 27, ciudad es sinónimo de
progreso. El modelo fue Nueva York, mientras que en temas sociales el
modelo será Moscú.
Otros
temas muy queridos son la naturaleza y el amor. Predomina una
naturaleza cercana a la ciudad. Tan intensa como la naturaleza
aparece la visión de la naturaleza humana. Abundan los poemas
amorosos, en los que el amor aparece ligado a la idea de naturaleza
humana y al individuo.
También
aparece el tema del compromiso social y político, sobre todo cuando
estalla la guerra. Los poetas del 27 estaban comprometidos con su
tiempo. Antes de la guerra muchos de ellos evitaron escribir poesía
social y política. Durante la guerra, y después de ella, afrontaron
el tema desde diferentes perspectivas. Algunos, como Luis Cernuda o
Emilio Prados, abandonan su actitud de poetas directamente
combativos; otros, como Alberti desde el exilio, alternaron la poesía
comprometida con la personal; y algunos que no habían abordado el
compromiso social y político lo hicieron entonces, ya sea desde
dentro, como Dámaso Alonso, ya desde el exilio, como Jorge Guillén.
Por
último, la preocupación religiosa fue escasa en el grupo,
exceptuando a Gerardo Diego y Dámaso Alonso, que se preocupaba por
la trascendencia sin apartarse de la visión cristiana. De forma
agnóstica y a veces anticristiana se preocuparon por el final del
hombre Emilio Prados y Luis Cernuda.
En
cuanto a sus rasgos estilísticos, y salvando las distancias entre
poetas y sus diferentes etapas, todos buscaron un léxico especial,
el uso y la reinvención de la metáfora y la recuperación de
esquemas rítmicos clásicos. La gran innovación del grupo fue el
verso libre. A través de él, descubrieron al lector las
posibilidades y la riqueza expresiva de un mundo métrico nuevo que,
al no estar sujeto a medida, respondía bien a las características
del mundo moderno. También cultivaron el verso blanco y el
versículo.
Pedro
Salinas (1891-1951)
Dentro
de su trayectoria poética se suelen señalar tres etapas que
coinciden a grandes rasgos con la evolución del propio grupo del 27.
Las obras más destacadas de su primera etapa son Presagios (1923),
Seguro azar (1929) y Fábula y signo (1931). Se aprecia en ellas la
influencia de la poesía pura de Juan Ramón y el gusto por los temas
futuristas, pero impregnados por la sensibilidad del poeta, que
muchas veces establece un diálogo lírico con las cosas. En la
segunda etapa se sitúan sus mejores obras: La voz a ti debida
(1933), Razón de amor (1936) y Largo lamento (1939). El tema
predominante en ellas es el amor, el poeta muestra este sentimiento
como algo alegre y vital, inherente al ser humano, pero también como
un sentimiento angustioso ante la pérdida o la separación de la
amada. En su tercera etapa, tras la guerra, su poesía se tiñe de
dramatismo y dolor. Temas como la muerte, la guerra, la angustia y el
exilio llenan libros como El contemplado (1946), Todo más claro
(1949) y Confianza (1955).
Su
estilo sigue la línea de la poesía esencial de Juan Ramón. Se
busca la belleza formal sobre todo a través de la intelectualidad,
lo que le lleva a utilizar recursos como la paradoja, juegos de
ideas, metáforas insólitas, etc. La aparente sencillez de su
lenguaje poético esconde una cuidada y precisa selección léxica.
Jorge
Guillén (1893-1984)
Se
le considera el poeta más puro e intelectual, el más fiel a la
poesía desnuda de Juan Ramón. Su poesía parte de la realidad
circundante para depurarla y estilizarla hasta la esencia misma del
concepto. Recogió toda su producción poética bajo el título
general de Aire nuestro, que se divide en cinco libros: Cántico (su
principal obra, que recoge poemas escritos a lo largo de 30 años,
1928 y 1950), muestra de forma clara y desbordante la alegría del
hecho de estar vivo. Evita de forma frontal las penas y nostalgia,
aunque la muerte se acepta como algo natural. En Clamor (de 1957 a
1963), se reflejan ahora todas las miserias y tristezas que rodean al
poeta, que denuncia en sus versos la injusticia, la opresión, la
guerra y la situación de España, y el exilio. No obstante, no es
una poesía completamente triste y desgarrada, sino llena de protesta
y optimismo moderado ante todo lo negativo que le rodea. En Homenaje
(1967) se recogen poemas dedicados a importantes personajes
históricos y escritores como Homero, Fray Luis, Machado o Lorca,
entre otros. En Y otros poemas profundiza en temas cotidianos, como
el amor o la vejez, y, por último, en Final, acepta serenamente la
vejez.
El
autor utiliza una forma de expresión muy elaborada, con supresión
de palabras innecesarias, estructuras oracionales sencillas y con
abundancia de exclamaciones. Es relevante la profusión de
sustantivos porque designan la esencia de las cosas. En cuanto a la
métrica, opta por medidas cortas y estrofas clásicas como la
décima, el romance o el soneto.
Gerardo
Diego (1896-1987)
Aunque
es difícil clasificar su obra, por su eclecticismo y su variedad
temática, se suelen distinguir dos etapas. La primera, denominada de
poesía relativa, que agrupa la poesía tradicional, caracterizada
por el empleo de formas clásicas como el soneto o el romance, y que
incluye obras como Versos humanos (1925), Sonetos a Violante (1962) o
Nocturnos a Chopin (1963). La segunda etapa, de poesía de
vanguardia, incluye poemarios de corte vanguardista caracterizados
por el verso libre, la ausencia de puntuación o recursos gráficos.
Los poemarios más importantes son Imagen (1922) y Manual de espumas
(1924), cercanos al creacionismo con poesías alejadas de la realidad
que incorporan recursos imaginativos sorprendentes y disposiciones
tipográficas peculiares.
Su
estilo se caracteriza por la utilización de varios registros,
combinando con igual maestría las técnicas de vanguardia, sobre
todo el uso de la imagen y el verso libre; y las formas más
tradicionales, el soneto y el romance.
Vicente
Aleixandre (1898-1984)
Su
visión del mundo se apoya en tres pilares: el amor, la naturaleza y
la muerte. Suelen señalarse tres etapas en su trayectoria,
relacionadas con sus influencias y sus inquietudes. La primera
incluye Pasión por la tierra (1929), su primera obra surrealista; y,
posteriormente, Espadas como labios (1932), en la que aborda el tema
del amor omnipresente que destruye las limitaciones del ser humano.
Otros títulos importantes son La destrucción o el amor, Mundo a
solas, y sobre todo Sombra del paraíso, en la que la muerte y el
amor se contraponen como aniquilación del ser humano frente a su
íntima unión con la naturaleza elemental del ser humano. En su
segunda etapa trata del ser humano y su mundo, especialmente el
transcurrir de la existencia, por lo que adquiere importancia el
tiempo y su circunstancia. Las principales obras son Historia del
corazón (1954), En un vasto dominio (1962) y Retratos con nombre
(1965). En su tercera etapa utiliza la poesía como meditación sobre
su trayectoria vital y, en algunos poemas, se retoman procesos
surrealistas utilizados en su primera etapa. A esta etapa pertenecen
Poemas de la consumación (1968) y Diálogos del conocimiento (1971).
Su
poética se basa en el uso de metáforas innovadoras, no basadas en
semejanzas, sino en su propia subjetividad. Es importante también
para el autor el gran cuidado en el uso y distribución del léxico
(verbos al final del verso, uso de conjunciones), paralelismos,
anáforas, etc. Además, predomina el verso libre.
Dámaso
Alonso (1898-1990)
Su
contribución más importante al grupo se produce al comienzo, cuando
revaloriza magistralmente la figura de Góngora y descubre a los
jóvenes autores y al mundo entero el enorme contenido mitológico y
estético de la obra del cordobés.
Su
obra se divide en dos etapas. La primera muestra la influencia de
Juan Ramón Jiménez y de Antonio Machado en obras como Poemillas de
la ciudad (1921) o El viento y el verso (1925). Oscura noticia se
publicará tardíamente en 1944 y perfila ya la angustia de la poesía
posterior. Con Hijos de la ira (1944) comienza la segunda etapa. Esta
obra es un grito de rebeldía contra la situación del hombre y del
mundo. En dilatados versículos, con un lenguaje abrupto y violento,
que incluso da cabida a lo vulgar a veces, protesta por el
espectáculo del mundo en el que los hombres no son más que muertos
en vida entre los que resulta imposible la comunicación. También
pertenecen a esta etapa Hombre y Dios (1955), expresión de hastío y
soledad; y Duda y amor sobre el Ser Supremo (1985), de tema
religioso.
Rafael
Alberti (1902-1999)
Su
poética giro en torno al tema del paraíso soñado representado en
el mar y el amor, aunque también tienen cabida el dolor, el
conflicto espiritual o el destierro. Su primera obra obtuvo el Premio
Nacional de Poesía: Marinero en tierra (1924), en la que recupera
formas métricas populares combinadas con sonetos que expresan la
profunda nostalgia por el mar de su Cádiz natal cuando era niño.
Cal y canto (1929) manifiesta la influencia vanguardista,
especialmente futurista en poemas como “Madrigal al billete de
tranvía”. Se aprecia además el lenguaje culto y barroco de
influencia gongorina. Su obra cumbre, Sobre los ángeles (1929)
revela el conflicto espiritual del poeta en torno a temas como el
amor, la ira, el fracaso o el desconcierto. Utiliza técnicas
surrealistas para expresar la desunión del cuerpo y el espíritu. El
poeta en la calle (1936) y De un momento a otro (1938) pertenecen a
la poesía social en la que el autor se revela como poeta
revolucionario, línea que mantiene en Entre el clavel y la espada
(1941), aunque en un tono más nostálgico del pasado vivido.
En
su estilo destaca la variedad, es capaz de combinar lo culto, lo
tradicional y popular, lo vanguardista… Abundan las anáforas, las
figuras de significado con matices cromáticos, las imágenes
surrealistas y el verso libre.
Luis
Cernuda (1902-1963)
Su
obra está marcada por su carácter hipersensible y por su
homosexualidad, que explica su aislamiento y rebeldía, debido a la
incomprensión de la sociedad de la época. La realidad que le tocaba
vivir chocaba con sus deseos y sus sueños, y de ese conflicto nacen
los temas de su poesía: soledad, frustración, infancia eterna,
ansia de belleza, paso del tiempo y muerte, y sobre todo el amor como
experiencia suprema, jubilosa y también dolorosa.
Su
obra se divide en tres etapas. La primera es la etapa sevillana,
hasta 1928, con Perfil de aire (1927), cercana a la poesía pura, y
Égloga, elegía, oda (1928), con raíces en la poesía de Garcilaso
de la Vega. La segunda etapa, o etapa madrileña, de 1929 hasta 1938,
se inicia con Un río, un amor (1929), en el que con imágenes
surrealistas profundiza en la frustración contra las convenciones
sociales. En Los placeres prohibidos (1931), también surrealista,
habla de amor, soledad y vacío interior. El autor se enfrenta al
mundo con la elección de un amor prohibido y no aceptado. Con un
estilo más sereno y personal escribe, entre 1932 y 1935, Donde
habite el olvido, sobre el amor como experiencia dolorosa. En 1936
publica La realidad y el deseo, obra que incluye algunos de los
libros anteriores y algunos más. Su última etapa, la del exilio, se
caracteriza por la angustia vital del poeta, así como por la
desilusión y la nostalgia debido a su situación personal. Como
quien espera el alba (1944) o Con las horas contadas (1950-1956) son
obras representativas de esta etapa.
En
cuanto a su estilo, evita las rimas marcadas, prefiere el verso
libre, combinado con estrofas tradicionales. Su poética está
plagada de símbolos e imágenes de muy variada índole.
Federico
García Lorca
Nació
en Fuente Vaqueros (Granada) en 1898. Estudió en Madrid y vivió en
la Residencia de Estudiantes, donde conoció y se relacionó con
personajes de las artes españolas como Juan Ramón Jiménez, Dalí,
Buñuel, Falla, además de otros poetas de su generación. En 1929
viajó a Nueva York como becario, hecho que le marcó profundamente.
Se dedicó al teatro y a la literatura hasta su fusilamiento al
comienzo de la Guerra Civil. Aquí nos centraremos en su obra
poética.
Lorca
supo unir a su predisposición natural para la creación poética
(sensibilidad, imaginación, inspiración) un riguroso trabajo en
busca de la perfección. Su principal característica es la síntesis
de lo popular y lo culto. De la poesía tradicional y de la canción
popular andaluza (el cante jondo) tomó temas, expresiones y
elementos que, reelaborados por su propio estilo y combinados con las
nuevas estéticas, adquieren una fuerza expresiva incomparable.
El
tema dominante en su obra es el destino trágico, englobando en él
el amor como frustración, la soledad y la muerte. Otro motivo
importante en su obra es la naturaleza.
Su
primera etapa abarca su producción hasta 1928. En ella hay una clara
influencia de la lírica popular y tradicional. Su primera obra,
Libro de poemas (1921), aúna el tono alegre e infantil con el tono
nostálgico. En Canciones (1921-1924) hay menos subjetivismo y más
semejanzas con la poesía pura y el surrealismo. En 1924 publica su
Poema del cante jondo, en el que aparecen temas habituales como el
amor o la Andalucía trágica, y se aprecia su peculiar fusión entre
lo culto y lo popular en unos versos llenos de dolor y angustia. El
Romancero gitano sigue en esta línea andalucista e híbrida, y añade
además rasgos vanguardistas. Expresa un profundo respeto por la
etnia gitana y aparece el motivo de la lucha contra la muerte
inevitable y trágica.
La
segunda etapa comprende lo escrito entre 1929 y 1936. Comienza con
Poeta en Nueva York, (1930), en la que su estilo cambia claramente y
se orienta hacia la protesta social en lo temático, y hacia el
surrealismo en lo formal. Abundan las imágenes oníricas y
dinámicas. Se presenta al hombre como víctima de su propia
creación; la urbe, en su inmensidad, imposibilita la comunicación y
la libertad. Se refleja la crisis del 29, la guerra, el ser humano
como depredador, la situación de los negros, la degradación de la
naturaleza, y la muerte. Como preocupaciones personales aparecen la
homosexualidad y la religiosidad. A esta época pertenecen también
el Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, Seis poemas
galegos y Diván del Tamarit. La última obra poética importante de
Lorca son los Sonetos del amor oscuro (1935-1936, publicado en el
84), en los que combina un tema tabú con las formas clásicas.
Su
estilo se manifiesta en un dominio de la técnica creativa que mezcla
diversas tendencias en una estética muy personal. Hay una simbología
presente en toda su obra: la luna, la sangre, los caballos, los
colores (sobre todo el verde)… tienen unos significados
connotativos asociados a la vida, la muerte, el erotismo, la
fertilidad, etc. Las imágenes creativas, inspiradas por el
surrealismo y que recrean motivos tradicionales son también un rasgo
característico de su estilo.
Miguel
Hernández
Nació
en Orihuela (Alicante) en 1910, en el seno de una familia humilde.
Fue pastor hasta que se marchó a Madrid, donde conoció a Neruda y a
los poetas del 27. En la guerra militó en el bando republicano, fue
hecho prisionero y murió en prisión de tuberculosis en 1942.
Se
le considera el puente de unión entre la Generación del 27, poetas
a los que conoció y admiró; y la Generación del 36, a la que él
mismo se vinculó. Su poesía se caracteriza por su tono viril y
arrebatado, su humana sinceridad y su perfección técnica. Sus
versos desprenden auténtica emoción. Emplea con abundancia las
metáforas, a veces primitivas y elementales; otras, impregnadas de
surrealismo, pero siempre llenas de imaginación y de fuerza. Su tono
se mueve entre el apasionamiento y la contención a la que somete esa
energía mediante formas poéticas rigurosas. Destacan las continuas
referencias y evocaciones de la vida natural y campesina. El
principal tema poético es el amor, apasionado e inquieto cuando
piensa en Josefina, su mujer; fraternal y generoso cuando recuerda a
los amigos, y solidario con las gentes del pueblo.
Su
obra se divide en dos etapas, separadas por la guerra. A la primera
pertenece Perito en lunas (1933), 42 octavas reales que presentan una
evidente influencia de Góngora en su lenguaje y destaca por la
creatividad de sus metáforas. El rayo que no cesa (1934) es una
colección de sonetos en los que habla sobre amor, pena y muerte.
Además, incluye la “Elegía a Ramón Sijé”, en tercetos, un
emocionado recuerdo del amigo fallecido. El libro muestra ya la
influencia de Neruda y de Aleixandre.
La
segunda etapa, más comprometida políticamente, se inaugura con
Viento del pueblo (1937), de tema político y de combate, en un
lenguaje claro y directo, que expresa sus ideas revolucionarias y sus
preocupaciones sociales. El autor dedica la obra a Aleixandre,
reconociendo en ella la influencia del poeta sevillano y de Neruda.
El hombre que acecha (1939) continúa la línea temática del libro
anterior, pero en un tono menos épico y más intimista. La obra está
marcada por la muerte de su primer hijo y el hecho de que el bando
republicano tiene la guerra prácticamente perdida. El Cancionero y
romancero de ausencias (1941) contiene sus composiciones más
conmovedoras, en las que emplea un lenguaje espontáneo y sencillo.
Las dedica, desde la cárcel, a su esposa y a su segundo hijo, y en
él se incluyen las famosas “Nanas de la cebolla”, seguidillas
destinadas a alegrar la penuria de su hijo.

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